IGOR PASKUAL

17 de febrero. Valladolid, Café Teatro. 22.30

 

Llega a Valladolid la segunda parte de la gira de presentación del último álbum de Igor Paskual: "Equilibrio inestable", que coincide con el estreno de su nuevo videolip.

Si en el primero consiguió enrolar a Sergio Vinadé (Tachenko) y a Manolo Preciado (entrenador del Sporting de Gijón), el nuevo es todo un quién es quién del rock asturiano, personificado en Jorge Ilegal, Nacho Vegas, Oscar Ybarra (Marlango), Nacho Álvarez (Manta Ray), Rafa Kas (ex Ilegales y ahora O’Funkillo), Helena Gil (M de Matilde)… y hasta Roberto Nicieza (ex Australian Blonde y ahora discográfico del propio Igor en Pop Up).

Llevaba botas de agua, los amplificadores y la precaria red eléctrica de alargadores ganaban centímetros al charco creciente de agua gracias a unas endebles columnas de palés, y él insistía en repetir una y otra vez aquellos dichosos acordes del final, ajeno a la inundación, al hedor que desprendía la granja avícola clandestina reconvertida sólo parcialmente en locales de ensayo en el mismo centro de la ciudad, inmune al desastre que presagiaba todo aquello, con su cabeza puesta en el puto concierto de pasado mañana.

Antes, o quizá fue después, no importa, lo había visto dejarse la sangre, el sudor y el vómito encima del escenario –y esto no es una metáfora–. Recorrer kilómetros con el instrumento a cuestas para llegar a tiempo a un concierto de mierda, fundirse en un beso interminable con el único sujeto con permiso penitenciario que había entre el público porque era rock’n'roll y había que igualar a los malditos franceses, rellenar folios como para publicar cinco tesis con variaciones de la letra de una nueva canción, follarse a todo lo que se le pusiera por delante como si lo fueran a prohibir mañana y supiera que aún así seguiría haciéndolo.

Apurar, en fin, el vaso porque sabía que los posos le mostrarían el siguiente cáliz. Después se fue con Loquillo, de Troglodita, y en las guitarras y las canciones nacidas de su jornal puso la tenacidad de la máquina y la pasión del obrero. Ayer, o fue mañana, lo vi otra vez encima del escenario; sin Loco, sin banda, con los dientes apretados y la mirada del que se le está saliendo el corazón por los ojos. Cantaba sus pecados con dolor y pasión. Había sangre y salpicaba. Los años no le habían cogido por la crin para humillarle. Era un potro que coceaba al sol y no cejaba. Y entonces supe que Igor Paskual había subido a luchar y que no se bajaría. Y me di las gracias de estar allí y de poder contemplarlo. Y supe que sus canciones anegarían todos los océanos. No les miento

 

 

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